Por qué dejamos que nuestros jóvenes se vayan sin brújula
(y cómo Canarias puede cambiarlo)
Cada septiembre veo repetirse la misma escena. Un joven canario, recién salido de un ciclo de FP o a mitad de una carrera, me mira y me dice: “Quiero irme fuera, quiero ganar experiencia, pero no sé por dónde empezar”. No le falta ambición. Le falta lo que casi nunca ofrecemos desde aquí: un camino claro.
Llevo más de diez años acompañando a jóvenes de las islas en su salto al extranjero, y si algo he aprendido es esto: el problema de nuestra juventud no es la falta de talento ni de ganas de mundo. Es la falta de estructuras que conviertan esas ganas en oportunidades reales. Seguimos formando profesionales estupendos y, después, los dejamos improvisar solos su primer contacto con el mercado internacional.
El error de pensar que “irse fuera” es solo un viaje de idiomas
Durante años, la salida al extranjero se ha entendido casi exclusivamente como una experiencia lingüística: unos meses de inglés, alguna anécdota cultural, una foto con canguros. Está bien, pero es insuficiente. En un mercado laboral que exige cada vez más experiencia práctica y menos promesas en el currículum, mandar a un joven fuera solo a “aprender idioma” es desaprovechar la mitad del potencial del viaje.
Por eso, en Canarias Abroad decidimos plantear algo distinto: que esos meses fuera cuenten también como formación reglada y como experiencia laboral certificada. Que un estudiante de FP o de universidad pueda pasar tres meses en Australia cursando asignaturas homologables y, al mismo tiempo, trabajando de verdad en una empresa del sector que ha elegido. No un simulacro de prácticas: prácticas reales, con responsabilidades reales, en un entorno profesional real.
Lo que de verdad se trae uno a casa
Quien vuelve de una experiencia así no trae solo mejores notas de inglés. Trae la seguridad de haberse desenvuelto en un entorno laboral distinto al que conoce, contactos profesionales que pueden abrirle puertas años después, y algo que ningún máster garantiza por sí solo: la certeza de que puede adaptarse a lo desconocido y salir adelante. Eso no se enseña en un aula. Se vive.
Y no hablo solo del beneficio individual. Cada joven que sale, se forma fuera y decide volver, porque muchos vuelven, regresa con una mirada más amplia, con estándares distintos, con ideas que difícilmente hubiera adquirido quedándose. Si de verdad queremos que Canarias retenga y atraiga talento, tenemos que dejar de ver la movilidad internacional como una fuga y empezar a entenderla como una inversión que, bien acompañada, revierte en las islas.
El acompañamiento no es un lujo, es la parte que falta
Se puede tener toda la motivación del mundo y aun así quedarse en el intento, simplemente porque nadie explica cómo funciona un visado de estudiante, cómo se homologa una asignatura o cómo se busca una empresa dispuesta a acoger a un estudiante extranjero en prácticas. Ese vacío de información es, muchas veces, la verdadera barrera. No es que los jóvenes canarios no quieran salir: es que salir sin guía es mucho más difícil de lo que debería.
Por eso defiendo que programas como este —tres meses en Australia combinando estudios homologables y prácticas laborales reales, con acompañamiento desde el primer paso hasta la vuelta a casa— no son un capricho ni un producto más. Son una infraestructura que nuestra juventud necesita y que, hasta ahora, apenas existía en el archipiélago.
Una apuesta que va más allá de Australia
Este programa es, para nosotros, un ejemplo concreto de algo más grande: la convicción de que la experiencia internacional, ya sea un trimestre en Canadá, una beca deportiva en Estados Unidos, un voluntariado o una migración cualificada para docentes, debería estar al alcance de cualquier joven canario con ganas de crecer, no solo de quien tiene los contactos o los recursos para organizarlo por su cuenta.
No pretendo decir que todo el mundo deba irse. Pretendo decir que quien quiera hacerlo merece tener delante un camino trazado, no una hoja en blanco. Esa es la diferencia entre una generación que se marcha por necesidad y sin rumbo, y una generación que sale, se forma, trabaja fuera y decide, con conocimiento de causa, qué quiere hacer con lo aprendido.
De Canarias al mundo, sí. Pero con acompañamiento, con estructura y con la vista puesta en que ese talento para que, tarde o temprano, también pueda volver.
Este artículo opinión ha sido redactado por Flavia Canosci, de la dirección de Canarias Abroad, consultoría educativa con sede en Tenerife sur especializada en programas de formación y experiencia internacional para jóvenes canarios.
Más información:
Web: www.canariasabroad.com
Whatsapp: + 34 655 59 97 95
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