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Artículo de opinión

Tu negocio no necesita que estés conectado a las 23:00

Firmado por
Angela Blázquez Tello (Vínculos. Psicología y Educación)
Publicado el 23/09/2026

Responder mensajes a las once de la noche, trabajar los fines de semana o no desconectar ni durante las vacaciones no debería ser una medalla. Hemos romantizado el agotamiento y quizá ha llegado el momento de preguntarnos si estar siempre disponibles realmente significa trabajar mejor.

Hay una escena que se ha vuelto demasiado habitual. Son las 23:00. Estás en el sofá. Te llega un WhatsApp de trabajo.

“Hola, perdona la hora. ¿Tienes un hueco esta semana?” Y contestas.

No porque quieras trabajar a las once de la noche. No porque sea una emergencia. Simplemente porque tienes el móvil en la mano, porque “son dos minutos” y porque, de alguna manera, hemos aprendido que contestar rápido es ser profesional.

Y aquí empieza el problema.

¿En qué momento estar disponible se convirtió en una obligación?

Vivimos en una época en la que tenemos la posibilidad de contestar inmediatamente a casi todo. Un mensaje, un correo, una cita, una consulta, un presupuesto.

Y esa posibilidad se ha convertido, poco a poco, en una expectativa.

Si tardas en responder, parece que estás desatendiendo.

Si no das una cita fuera de horario, parece que no eres flexible.

Si te vas de vacaciones y no contestas, parece que has desaparecido.

Si no coges el teléfono un domingo, parece que estás poniendo el negocio por delante.

Lo curioso es que hemos terminado confundiendo disponibilidad con profesionalidad.

Y quizá también hemos llegado a algo todavía más preocupante: hemos romantizado el agotamiento.

Hablamos de no parar como si fuera una virtud. De dormir poco como si fuera una consecuencia inevitable de tener ambición. De trabajar los fines de semana como una muestra de compromiso. De responder mensajes a cualquier hora como si nuestro teléfono fuera una extensión de nuestra jornada laboral.

Pero estar agotado no es una medalla. Y vivir permanentemente cansado no debería ser el precio que asumimos por tener un proyecto propio.

¿Y qué pasa cuando trabajamos ayudando a otras personas?
En el ámbito de la salud mental esto adquiere todavía más sentido.

Quienes trabajamos acompañando a otras personas necesitamos cuidar nuestras propias condiciones de trabajo.

No podemos defender constantemente la importancia del descanso, la desconexión, los límites y el autocuidado mientras asumimos como normal trabajar sin ellos.

Porque hay una contradicción bastante evidente:
¿Cómo vamos a cuidar a los demás si hemos convertido nuestro propio descanso en algo negociable?

En un centro como Vínculos, donde trabajamos con personas y sus procesos personales, sabemos que nuestro trabajo no consiste simplemente en llenar una agenda.

Hay preparación detrás de una sesión. Hay seguimiento. Hay coordinación. Hay una continua formación.

Y también hay algo que a veces olvidamos: hay una persona detrás de la profesional.

Una persona que necesita comer tranquilamente, hacer deporte, quedar con sus amigos, pasar tiempo con su familia, aburrirse, dormir ocho horas o no hacer absolutamente nada durante una tarde.

Y ninguna de esas cosas debería hacernos sentir culpables.

El autocuidado empieza mucho antes de estar al límite.
Quizá hemos entendido mal el concepto de autocuidado.

Pensamos en autocuidado y aparecen vacaciones, un masaje, una tarde libre o desconectar el fin de semana.

Pero el autocuidado también está en cosas mucho menos atractivas: Cerrar la agenda. No aceptar otra cita. Poner un horario de atención. No responder inmediatamente. Decir que no. Delegar.

Y dejar de sentir que tenemos que demostrar nuestro compromiso a todas horas.

Porque hay una idea especialmente peligrosa en el mundo profesional: si puedes hacerlo, deberías hacerlo.

No.

Poder contestar un mensaje a las once de la noche no significa que tengas que hacerlo.

Poder trabajar el sábado no significa que debas hacerlo.

Poder encajar una cita más no significa que sea buena idea.

Y poder aguantar un poco más no significa que tengas que hacerlo.

A veces, la decisión más profesional es precisamente parar.

No deberíamos esperar a estar agotados para empezar a cuidarnos.

Ni esperar a no poder más para reconocer que nuestros límites también forman parte de nuestro trabajo.

Porque emprender, dirigir un proyecto o trabajar por cuenta propia ya implica suficiente responsabilidad como para añadirnos una más: la obligación de estar disponibles permanentemente.

Nuestro negocio es importante. Nuestro trabajo es importante. Nuestros pacientes, clientes y familias son importantes.

Pero nosotros también.

Y quizá haya llegado el momento de dejar de presumir de no desconectar nunca.

Porque tener un negocio que funciona a costa de una persona que no puede parar no es el éxito que deberíamos perseguir.

Vínculos.
Vínculos Psicología y Educación es un centro multidisciplinar situado en Santa Cruz de Tenerife, formado por profesionales de la psicología, pedagogía, psicopedagogía y logopedia.
Acompañamos a niños, adolescentes, adultos y familias desde diferentes áreas relacionadas con la salud mental, el aprendizaje y el desarrollo personal.

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